SeaArt AI Novel
APP
Trang chủ  / El Baile de Despedida del Cisne Cojo
El Baile de Despedida del Cisne Cojo

El Baile de Despedida del Cisne Cojo

Cập nhật lần cuối: 2026-05-06 01:09:00
By: Mariane
Đã hoàn thành
Ngôn ngữ:  Português0+
4.5
6 Xếp hạng
417
Chương
66.8k
Sự phổ biến
390.6k
Tổng số từ
Đọc
+ Thêm vào thư viện
Chia sẻ:
Báo cáo

Tóm tắt

Estefanía salvou Benicio e perdeu a carreira de bailarina, mas, após cinco anos de casamento sem amor, descobre que ele guarda ternura e alegria apenas para Cristina, sua antiga paixão. Humilhada por sua deficiência e cansada de viver como sombra, ela decide pedir o divórcio e recomeçar longe dele. Quando Estefanía volta a encontrar sua antiga professora, percebe que ainda pode reconstruir a própria vida, mesmo sem dançar.


Chương1

El sonido del agua cayendo se filtraba desde el baño.

Benicio Téllez estaba bañándose.

Eran las tres de la madrugada.

Apenas acababa de llegar a casa.

Estefanía Navas se encontraba de pie junto a la puerta del baño, con algo en mente que quería platicar con él.

Sentía un nudo en el estómago. No sabía si él estaría dispuesto a aceptar lo que iba a decirle.

Mientras pensaba cómo abordar el tema, un ruido extraño la sacó de sus pensamientos.

Prestó atención y, para su sorpresa, se dio cuenta de lo que sucedía: él estaba... atendiéndose solo.

Los jadeos y gemidos contenidos de Benicio golpeaban el pecho de Estefanía como martillazos, cada uno más duro que el anterior. La angustia se desbordó en su pecho, ahogándola, atrapándola en una marea de dolor que la rebasaba.

Hoy era su aniversario de bodas, el quinto desde que se casaron. Y aun así, entre ellos jamás había existido una verdadera intimidad de pareja.

Así que, ¿él prefería arreglárselas solo antes que tocarla?

El ritmo de la respiración de Benicio fue acelerándose, hasta que de pronto, en medio de la lucha por controlarse, soltó un nombre con voz ronca y contenida:

—Cris...

Ese grito fue el golpe final.

Sintió que algo dentro de ella se desmoronaba, convertido en polvo.

Se cubrió la boca con la mano, luchando para no sollozar. Dio media vuelta para huir, pero tropezó en el primer paso, chocando contra el lavabo y cayendo de golpe al piso.

—¿Estefanía? —La voz de Benicio llegó desde el baño, aún agitada. Se notaba que se esforzaba por recuperar el aliento.

—Yo... solo quería entrar al baño. No sabía que estabas bañándote... —balbuceó, inventando una excusa que ni ella misma creyó, mientras intentaba levantarse aferrándose al lavabo.

Cuanto más prisa tenía, más torpe se volvía. El piso y el lavabo estaban mojados; le costó ponerse de pie. Benicio salió en ese momento, apresurado, con la bata blanca mal puesta pero bien ajustada en la cintura.

—¿Te lastimaste? Déjame ayudarte —dijo, acercándose para cargarla.

Las lágrimas luchaban por salir de sus ojos, pero ella apartó su mano, firme y desesperada.

—Sí —contestó, dándole la espalda y asintiendo con fuerza.

—¿Ya te vas a dormir? ¿No que ibas al baño?

—Ya no tengo ganas. Mejor me duermo —susurró, vencida.

—Está bien. Por cierto, hoy es nuestro aniversario. Te compré un regalo. Mañana lo abres y me dices si te gusta.

—Bueno —musitó ella.

El regalo estaba en la mesita de noche. Ni siquiera necesitaba abrirlo para saber qué era.

Cada año, el mismo tamaño de caja, el mismo contenido: un reloj idéntico a los anteriores.

En el cajón de su tocador, junto a los regalos de cumpleaños, ya había nueve relojes iguales. Este sería el décimo.

Ahí terminó la conversación. Benicio apagó la luz y se acostó. El aroma húmedo del jabón de baño flotaba en el aire, pero Estefanía casi ni lo notaba. La cama era enorme, de dos metros, pero ella dormía en una orilla y él en la otra, tan distantes que podrían caber tres personas más entre ambos.

Ninguno mencionó el nombre de Cris, ni lo que Benicio había hecho en el baño. Como si nada hubiera pasado.

Ella permanecía rígida, acostada boca arriba, con los ojos ardiendo de tanto dolor.

Cris, Cristina Luján… Su compañera de universidad, su primer amor, la chica que siempre consideró su diosa.

Cuando terminaron la universidad, Cristina se fue al extranjero. Se separaron. Benicio no pudo con el golpe, y durante un tiempo se hundió, bebiendo cada día como si no hubiera mañana.

Ella y él… en realidad, eran compañeros desde la secundaria.

Estefanía admitía para sí misma que, desde aquellos años, ya sentía algo por él en silencio.

En esa época, Benicio era el chico más popular de la escuela: inteligente, distante, de esos que parecían inalcanzables. Ella, por su parte, era una estudiante de arte. También era bonita, pero había muchas chicas bonitas, y en un ambiente donde lo único que importaba eran las calificaciones, los alumnos de arte pasaban desapercibidos. Incluso había quienes los veían con cierto desprecio.

Por eso, su enamoramiento nunca salió a la luz. Era un secreto solo suyo, jamás pensó que un día podría siquiera acercarse a él.

Todo cambió el verano en que regresó a casa tras graduarse de la academia de danza. Fue entonces cuando se topó con Benicio, que ya no era aquel joven seguro, sino alguien devastado.

Aquel día, él también iba borracho. Caminaba haciendo eses por la calle, sin fijarse en los semáforos. Un carro pasó volando y casi no alcanzó a frenar. Fue ella, que no podía dejar de vigilarlo, quien lo empujó a tiempo… y la que terminó llevándose el golpe.

Ella, que había vivido para bailar. Que ya tenía asegurado su lugar para la maestría en danza.

Esa noche, todo cambió. Por el accidente, su pierna quedó lesionada para siempre.

Nunca más pudo bailar.

Después de eso, Benicio dejó el alcohol y decidió casarse con ella.

Desde entonces, siempre se mostró agradecido, siempre le habló en voz baja, siempre le llevó regalos, le dio dinero, le ofreció atenciones.

Pero nunca, nunca logró amarla.

Estefanía pensó que el tiempo todo lo curaba. Que el paso de los años podría calentar el corazón más distante, o al menos, borrar el dolor.

Pero jamás imaginó que, después de cinco años, el nombre de “Cris” seguía tan marcado en él. Incluso, cuando él estaba solo, aún murmuraba ese nombre.

Al final, fue ella quien se engañó, creyendo que el amor podía forzarse…

No pudo dormir en toda la noche. Revisó el correo en su celular una y otra vez, contándolas, quizá más de cien veces.

Era una carta de aceptación a un posgrado, de una universidad extranjera. Eso era lo que iba a platicar con Benicio esa noche: quería irse a estudiar fuera, ¿estaría bien para él?

Tomó el celular, apagó la alarma y, sin rumbo, empezó a navegar entre aplicaciones.

Tenía la cabeza como un nido de abejas, sin poder retener nada de lo que veía.

Hasta que, de pronto, apareció en una red social un video que la dejó helada.

La persona del video… le resultaba demasiado familiar.

Miró el nombre de la cuenta: CrisDreamer.

—Vaya, el bendito algoritmo… —susurró.

La publicación era de la noche anterior.

Estefanía abrió el video. De inmediato, un torrente de música alegre llenó la habitación. En la pantalla, voces gritaban:

—¡Uno, dos, tres, bienvenida de vuelta, Cris! ¡Salud!

Y esa voz… era la de Benicio.

Đánh giá và nhận xét

Được yêu thích nhất
Mới

Bạn cũng có thể thích