Synopsis
Valeria Palomeque, la heredera de Coco Commerce, acepta un matrimonio por conveniencia para salvar su imperio de la quiebra. Sin embargo, el día de su compromiso, es secuestrada y abandonada en una isla desierta. En medio de la desesperación, un hombre enigmático y letal la rescata de las garras de la muerte, pero Valeria descubre con horror que él porta el mismo emblema que sus captores: una rosa roja.
Atrapada entre la gratitud y la sospecha, Valeria deberá navegar por un peligroso juego de seducción y poder. Sebastián Campofregoso no es solo su salvador, sino el CEO de un titán corporativo con secretos más profundos que el océano. En una carrera contra el tiempo y la traición, Valeria descubrirá que, en el mundo de los Campofregoso, el amor es el arma más peligrosa de todas.
Chapter1
Al borde del abismo.
—Ya no tienes a dónde escapar, señorita Palomeque.
Frente a ella, un hombre rechoncho vestido de traje oscuro sonreía con lascivia. En la solapa llevaba una insignia con una rosa roja. La observaba como a una presa acorralada, saboreando de antemano su captura.
Valeria Palomeque apretó los puños y retrocedió un paso instintivamente. El viento soplaba con fuerza en el acantilado, haciendo que su frágil figura se tambaleara. Bajo sus pies, la arena y los guijarros se desprendieron, perdiéndose en la profundidad del vacío.
—Esto es una isla desierta; nadie vendrá a salvarte —dijo el hombre, soltando una carcajada ante su resistencia—. No intentes hacerte la lista conmigo. Que te escaparas delante de mis narices fue un error, pero ahora, salvo que decidas saltar al vacío, será mejor que te rindas y te entregues.
—¡Ni lo sueñes!
Incluso en una situación de vida o muerte, el orgullo de Valeria no le permitía mostrar debilidad. Enderezó la espalda, reprimiendo el terror que le atenazaba el corazón, y exigió respuestas.
—¿Quién te envió para secuestrarme? ¿Qué es lo que buscas?
—¿Qué es lo que busco? —El hombre se burló de su vana arrogancia. Se cruzó de brazos sin acercarse más, pero su sonrisa se volvió aún más siniestra—. Eso deberías preguntártelo tú, señorita Palomeque. Piensa a quién le has estorbado últimamente para terminar en esta desgracia.
—Últimamente... —Valeria intentó recuperar la calma para organizar sus pensamientos.
Su familia era dueña de Coco Commerce, una empresa de comercio electrónico bastante reconocida. En los últimos años, con el vertiginoso avance de internet, la competencia se había vuelto feroz. Sus padres eran implacables en los negocios, y era natural que hubieran cultivado enemigos.
Sin embargo, el evento más crítico de los últimos tiempos era la inminente quiebra de Coco Commerce. Sus padres necesitaban financiación desesperadamente para salvar la compañía, y para lograrlo, habían pactado su matrimonio con el hijo del dueño de una firma de capital de riesgo.
Aunque no estaba de acuerdo, siempre había sabido que su destino era sostener los negocios de la familia.
Finalmente, el día de la ceremonia de compromiso llegó.
Pero ese mismo día alguien la drogó en el hotel y, cuando despertó, se encontró en aquella isla remota y deshabitada.
—¿Acaso...? —Valeria levantó la mirada de golpe, sintiendo un escalofrío—. ¡Alguien no quiere que Coco Commerce supere su crisis y ha intentado arruinar el compromiso usándome a mí!
—¡Bravo, bravo! Qué lástima que te hayas dado cuenta demasiado tarde.
El hombre aplaudió mientras retomaba su avance hacia ella. Su expresión se volvía cada vez más repulsiva.
—Señorita Palomeque, ya que eres tan lista, sé buena y ven conmigo. Te prometo que no te trataré mal... siempre y cuando aceptes ser mi mujer.
—¡En tus sueños! —Valeria palideció. Un paso más y se precipitaría al vacío, reducida a huesos rotos contra las rocas. El miedo y el frío la envolvieron por completo.
—¿Qué pasa? ¿De verdad vas a atreverte a saltar? ¡No me hagas reír! —El sujeto hizo un gesto de desprecio y extendió hacia ella sus manos repugnantes.
Al comprender sus intenciones, un asco profundo le cruzó la mirada. En el último instante, Valeria apretó los dientes y tomó una decisión.
—¡Prefiero morir antes que darte ese gusto!
Dicho esto, cerró los ojos y dejó que su cuerpo cayera hacia atrás. El hombre se quedó paralizado, perplejo.
El viento rugía en sus oídos mientras caía. De repente, una voz masculina y desconocida resonó entre el estruendo.
—¡Cuidado!
Al segundo siguiente, antes de que pudiera abrir los ojos, una mano poderosa le sujetó la muñeca y un brazo firme la atrajo hacia un pecho ancho y sólido.
El terror de la caída se mezcló con una sensación desconocida en el pecho. Desafiando el viento cortante, Valeria abrió los ojos y vislumbró el perfil de un hombre extraordinariamente hermoso.
Sabía que estaban cayendo y que probablemente morirían en cuestión de segundos, pero no podía apartar la vista de él. Su mandíbula marcada y su nariz recta eran perfectas, sin una sola imperfección. En medio de aquel caos, Valeria llegó a pensar que, si un idiota tan guapo iba a morir con ella, al menos no se iría con remordimientos.
—¡Abrázame fuerte, cierra los ojos y contén la respiración!
La voz era magnética y profunda. En cualquier otra circunstancia, Valeria habría desconfiado, pero en ese momento crítico, obedeció por instinto.
Pocos segundos después, se escuchó un impacto ensordecedor contra el agua. Ambos se hundieron en la inmensidad del mar y la fuerza del golpe los separó.
El agua, helada, la envolvió por completo. El frío hizo que Valeria olvidara contener el aliento; el agua se le coló por las fosas nasales y una asfixia abrumadora la invadió. Sin aire y con la cabeza dándole vueltas, su visión se nubló mientras su cuerpo empezaba a hundirse en las profundidades.
Entonces, una silueta nadó velozmente hacia ella. A medida que se acercaba, las facciones del hombre se hicieron más claras, hasta que él la sujetó con firmeza por la cintura.
El corazón de Valeria latía cada vez más lento; su conciencia se desvanecía.
—Mmm...
Sintió un contacto frío y suave sobre los labios. Alguien le insuflaba aire. Tras unos segundos, recuperó parte del sentido y abrió los ojos de par en par. Al ver el rostro del hombre tan cerca, intentó zafarse con un débil forcejeo.
Él, sin embargo, la inmovilizó sujetándole las muñecas con una sola mano, mientras con el otro brazo la mantenía pegada a su cuerpo y nadaba con fuerza hacia la orilla.
—Cof... cof, cof...
Al salir a la superficie, Valeria inhaló el aire fresco con desesperación, tosiendo con violencia para expulsar el agua de sus pulmones. Le tomó un buen rato recuperar el aliento.
Aún sentía el rastro de aquel beso en los labios y la presión de la mano del hombre en su cintura. Iba a agradecerle que le hubiera salvado la vida, pero entonces sus ojos se fijaron en la solapa de su chaqueta: él también llevaba una insignia con una rosa roja.
¡El tipo gordo que la había acosado llevaba una medalla igual! ¿Acaso eran cómplices?
Aquel hombre quería su muerte, entonces ¿por qué este la había salvado?
Sin tiempo para razonar, la furia y la humillación la dominaron. Valeria levantó la mano para darle una bofetada, pero el hombre la detuvo con facilidad.
—¿Aún tienes fuerzas para golpearme? —Él la soltó y se puso de pie con una elegancia imperturbable.
Al perder su apoyo, Valeria se tambaleó y estuvo a punto de caer hacia adelante.
Justo cuando su cabeza iba a chocar contra las rocas de la orilla, el hombre, como si lo hubiera previsto, extendió una mano firme y la sostuvo por el brazo, evitándole el golpe.
Valeria levantó la mirada y se encontró con esos ojos fríos que la observaban desde arriba.
—¿Así es como tratas a tu salvador?
Su tono era dominante y gélido. Aquella actitud arrogante, como si le estuviera haciendo un favor, hirió profundamente el orgullo de Valeria.
Ella apartó la mano del hombre de un manotazo y se esforzó por ponerse de pie. Aunque le flaqueaban las piernas, mantuvo la mirada afilada y una actitud que no cedía ante la de él.
—Estás con ese hombre, ¿verdad? ¿Quién sabe qué intenciones tienes al salvarme? ¿Crees que soy tan tonta como para caer en tu juego?
Sus palabras destilaban desconfianza y sospecha. Hacía apenas unos minutos había pensado que era un tonto por saltar con ella, pero ahora se preguntaba qué oscuro plan ocultaba tras ese gesto heroico.
Una chispa sombría cruzó la mirada del hombre. Al instante siguiente, comenzó a caminar hacia ella, acortando la distancia con pasos largos y decididos.
El corazón de Valeria se encogió. Retrocedió con torpeza, pero aun así gritó para mantener las apariencias:
—¿Qué... qué quieres hacer? ¡No te acerques!
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