Destino Cruzado:La Esposa del Magnate
Sinossi
Elena Cano nunca imaginó que su libertad tendría el precio de una farsa. Obligada a suplantar a su hermana en una boda de conveniencia, termina en los brazos de Adrián Díaz, el enigmático y poderoso heredero de un imperio marcado por la tragedia. Entre las sombras de una mansión que parece un castillo medieval y los secretos de un pasado compartido, Elena deberá decidir si su amor es un refugio o una nueva prisión.
Adrián busca venganza por el incendio que destruyó a su familia, y Elena es la pieza clave en su tablero. Pero cuando el deseo se mezcla con el deber y las identidades ocultas salen a la luz, el juego del magnate se convierte en una obsesión de la que ninguno podrá escapar.
Capitolo1
—Elena, la Corporación Cano te ha criado durante todos estos años. Es momento de que nos devuelvas el favor —ordenó Julián Cano, tajante—. Te casarás con el heredero de la Familia Díaz en lugar de tu hermana. Si después de un año no has concebido un hijo, ellos mismos te echarán. Este secreto solo lo sabemos nosotros cuatro, ¿queda claro?
Pasar un año para saldar su deuda de gratitud con los Cano no parecía un mal trato.
Al fin y al cabo, el hombre con el que se casaría era el hijo mayor de la Familia Díaz, un hombre que, según los rumores, no viviría mucho tiempo. ¡Quién sabe si aguantaría un año entero! Además, se decía que era incapaz de valerse por sí mismo, por lo que no habría intimidad ni situaciones indebidas. Casarla con él era simplemente un intento desesperado de la familia por atraer la buena suerte y mejorar la salud del enfermo.
Así fue como Elena Cano se puso el velo y aceptó el destino de su hermana.
Sin embargo, al encontrarse en un salón de bodas completamente desierto, sin invitados y sin novio... Bueno, el novio había quedado incapacitado tras El Gran Incendio de hace diez años. Era lógico que no pudiera presentarse para la ceremonia.
Elena decidió tragarse su orgullo. ¿Qué otra opción tenía? La Familia Díaz era tan poderosa que una sola palabra suya bastaba para hacer temblar los cimientos de la ciudad.
Resignada, firmó el acta matrimonial ante el juez, tomó el manojo de llaves y la dirección que le entregaron, y se plantó frente a un edificio de apartamentos que se sentía tan frío como el mármol.
Ese sería su hogar durante el próximo año. ¿Qué le depararía el destino en aquel lugar? Una punzada de ansiedad le oprimió el pecho.
Recordó a Valentina Cano, su hermana, esa mujer que siempre se había divertido atormentándola y que ahora le lanzaba aquel desastre para que ella lo limpiara.
Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. Tras dejar sus maletas y cambiarse el pomposo vestido por una camiseta sencilla y unos vaqueros, se dispuso a salir para buscar algo de comer.
De pronto, su teléfono vibró. Al contestar, la voz de su mejor amiga, Lucía Castellanos, retumbó al otro lado de la línea.
—¡Elena, ven rápido! He visto a la gran estrella Vanesa Jaraquemada en una cita secreta con un hombre misterioso. Esta es la primicia que necesito para conseguir mi contrato fijo. Si te atreves a decir que no, ¡me muero aquí mismo!
Ante tal insistencia, Elena no tuvo más remedio que ir en auxilio de su amiga.
—Elena, quédate vigilando en la entrada. Yo entraré a ver si consigo una foto de ellos juntos —le dijo Lucía antes de ponerle una cámara en las manos y desaparecer entre las luces brillantes del bar.
Elena no tuvo tiempo de replicar; su amiga ya se había esfumado.
Tras esperar un largo rato junto a la puerta, el hambre empezó a pasarle factura. Decidió acercarse a una panadería cercana para comprar algo rápido.
Justo en ese momento, en un deportivo negro de lujo estacionado frente al bar, una mujer de belleza despampanante se enroscaba como una serpiente alrededor de un hombre oculto en la penumbra del vehículo.
—Adrián, ¿de verdad te casaste con esa tal Valentina Cano? —preguntó Vanesa con un tono caprichoso.
—Ya se firmó el acta matrimonial, ¿qué crees tú? —respondió una voz profunda y magnética. Aunque sus palabras eran frías, tenían un matiz seductor que envolvía los sentidos.
—¿Y qué pasará conmigo? —insistió la celebridad con una voz que pocos hombres podrían rechazar. Se acercó a su oído, rozando su piel con sus labios carmesí, mientras sus manos se deslizaban con audacia por su brazo.
—Adivina.
Adrián Díaz curvó los labios en una sonrisa enigmática. Con sus dedos largos y elegantes, acarició los labios de la mujer y se acercó lentamente a ella.
Antes de que pudieran avanzar más, un destello repentino interrumpió la escena.
—¿Paparazzi? —El rostro de Vanesa cambió de golpe. Parecía tensa, pero en su mirada brillaba una chispa de excitación.
—Vete ahora. Yo me encargo —dijo Adrián con frialdad. Una luz peligrosa cruzó sus ojos mientras palmeaba el hombro de la mujer. Luego, abrió la puerta y bajó del coche.
Ultimi capitoli
El día siguiente era la fecha acordada con Alejandro Aranda para que Elena Cano comenzara a trabajar
Al día siguiente, Elena Cano no despertó hasta bien avanzada la tarde. Permaneció acostada durante u
Al ver a Adrián tan furioso, Elena sintió una punzada de temor. —No sabía que esto fuera tan import
—No puedo cumplir con mis deberes como esposo y no quiero seguir haciéndote perder el tiempo —dijo M







