SeaArt AI Novel
APP
Casa  / Venganza Estelar:El Renacer de una Manager
Venganza Estelar:El Renacer de una Manager

Venganza Estelar:El Renacer de una Manager

Ultimo aggiornamento: 2026-08-21 07:41:33
Lingua:  Español0+
0.0
0 Valutazione
400
Capitoli
6k
Popolarità
753.5k
Parole totali
Leggere
+ Aggiungi alla libreria
Condividere:
Rapporto

Sinossi

Tras morir prematuramente, Paloma Pantaleón, la manager de oro de la industria del entretenimiento, despierta en el cuerpo de Julia Orozco, la repudiada segunda hija de una familia de élite. Atrapada en un matrimonio gélido con Mateo Zama y eclipsada por la aparente perfección de su hermana Sofía, Julia decide que ya ha sido la víctima por suficiente tiempo.


Armada con su lengua afilada y un instinto profesional infalible, Julia rompe sus cadenas, exige una indemnización multimillonaria y se lanza a conquistar Ciudad Valle. Desde descubrir talentos ocultos hasta desafiar a ídolos intocables como Hugo Hinojosa, Julia demostrará que en el despiadado juego del estrellato, ella es quien reparte las cartas. Una historia de ambición, venganza y el renacimiento de una mujer que se niega a seguir el guion de los demás.


Capitolo1

Cuando Paloma Pantaleón volvió a abrir los ojos, se encontró en una habitación de hospital saturada por el penetrante olor del desinfectante.

Le dolía la cabeza, le dolían las manos; le dolía absolutamente todo el cuerpo.

Justo cuando se preparaba para soltar un quejido que la ayudara a lidiar psicológicamente con el malestar, un fajo de papeles le golpeó directamente la cara.

¡Paloma se quedó atónita!

Al lado de la cama se encontraba un hombre sumamente atractivo al que no había visto en su vida. Por un instante, casi llegó a pensar que el deseo que pidió antes de morir —ver a un ángel guapo— se había cumplido.

Claro, todo habría sido mejor si él no la estuviera mirando con una expresión que parecía clamar por un asesinato.

—¿Despertaste? ¿Ya dejaste de fingir que estás muerta? —El hombre poseía un rostro de facciones marcadas, con cuencas oculares profundas y un cabello ligeramente ondulado que le confería un aire de extranjero.

Sin embargo, por muy apuesto que fuera, llamar simuladora a una paciente que acababa de morir por los dolores de un cáncer era pasarse de cruel.

—¿Y tú quién eres? Si estás enfermo, ve al médico; si quieres matarte, lánzate de un edificio, ¡pero deja de decir estupideces frente a mí! —En cuanto a ser mordaz, Paloma nunca había perdido una batalla en toda su vida.

En ese momento sentía que la cabeza le iba a estallar, como si alguien le estuviera abriendo el cráneo a la fuerza para verter contenido en su interior, lo que la hacía sentir irritable y, extrañamente, melancólica.

Paloma juraría que el ataque verbal fue solo una respuesta instintiva, pero tanto el apuesto desconocido como el grupo de personas que ella no reconocía y que estaban detrás de él, mostraron una sorpresa absoluta.

—Mateo, Julia no parece estar bien. —Una mujer de aspecto dulce, de pie tras el hombre, le tiró suavemente de la manga.

—¿Qué podría pasarle? Seguramente solo se ha visto acorralada ahora que sus malas acciones salieron a la luz y está fingiendo amnesia para intentar salirse con la suya —soltó con una risa gélida otro hombre que estaba un poco más alejado de la cama.

—¿Comiste mierda hoy o es que no sabes hablar como una persona normal? Si no puedes decir nada útil, ¡cierra ese retrete público que tienes por boca! ¿Y quiénes demonios son ustedes? ¿Qué clase de reality show están montando aquí? ¡Lárguense todos de una vez! —Al ver aquellos rostros desconocidos, Paloma sintió una oleada de fastidio. ¿Qué clase de muerte era esta?

El hombre de rasgos extranjeros frunció el ceño con fuerza, recorriendo a Paloma con una mirada inquisidora.

Cansada de que la observara así, Paloma hizo un esfuerzo por incorporarse y, para su sorpresa, se sintió ligera. Las cicatrices de sus cirugías habían desaparecido y no llevaba puesto aquel horrible camisón de hospital, sino un conjunto de última temporada de una marca de lujo. Incluso parecía que su contorno de busto era un par de tallas más grande que antes.

—¡Pero qué...! ¿De qué va esto? ¿Qué demonios está pasando? —Paloma se miró a sí misma, perpleja.

—Julia, ¿cuándo aprendiste a hablar con tanta vulgaridad? —Una pareja de mediana edad, vestidos con elegancia, la miraba con una mezcla de decepción y asco.

—¡Un momento! ¿Quién es Julia? ¿De qué están hablando? ¿Están filmando una película? —Los miró con total confusión. Notó que su muñeca derecha estaba vendada; ¿era acaso una herida de autolesión?

¡¿Qué le pasaba al mundo?!

—¡No hace falta que sigas actuando! Ya he investigado todo lo que le hiciste a Sofía y tengo las pruebas. —Mateo señaló las fotografías esparcidas sobre la cama.

Paloma las tomó confundida. En las imágenes aparecía siempre la misma mujer: conspirando en un callejón con unos tipos que parecían delincuentes, entregando un fajo de billetes a un desconocido en un bar, bailando de forma íntima con diferentes hombres y bebiendo desenfrenadamente.

Pero... ¡Paloma no conocía a esa mujer!

—Espera un segundo, linda, ¿tienes un espejo? —Paloma interrumpió a Mateo antes de que pudiera seguir hablando, señalando con la barbilla a la chica de aspecto frágil.

La joven pareció asustarse y se encogió ligeramente sobre sí misma.

—¿Qué tramas ahora? ¿Cómo puedes querer seguir haciéndole daño a tu hermana? —La mujer de mediana edad parecía estar al borde de las lágrimas.

Esa actitud melodramática desató de inmediato una nueva oleada de recriminaciones contra ella.

—¡Cállense de una maldita vez! —rugió Paloma.

Se arrancó la aguja del suero de un tirón, tomó un bolso de marca que estaba sobre la mesita de noche y, finalmente, encontró un pequeño espejo.

Al verse reflejada, Paloma empezó a temblar violentamente. Ese rostro... ese rostro...

—¡Ah! —Soltó un grito histérico.

El desmayo posterior tuvo una gran ventaja: permitió que su cerebro procesara y aceptara mejor los recuerdos de aquel cuerpo.

Este lugar se llamaba Ciudad Valle, un nombre que Paloma jamás había escuchado. El cuerpo que ahora habitaba pertenecía a Julia Orozco, la segunda hija de la prestigiosa familia Orozco.

Aquella joven que antes irradiaba un aura de víctima inocente en la habitación era su hermana mayor, Sofía Orozco, el objeto de los celos enfermizos de Julia.

Y por supuesto, en este mundo absurdo, la razón por la que dos hermanas de la misma sangre se convertirían en enemigas solo podía ser una: un hombre.

Ese apuesto hombre que la trataba con tanto desprecio era Mateo Zama, ¡su esposo actual!

La historia de resentimientos entre este hombre y las dos hermanas era sencilla de explicar. Se conocieron en la infancia durante una reunión de la alta sociedad. El joven Mateo, en medio de la multitud, encontró a una niña que le pareció especial y la convirtió en su único punto de ternura, su inolvidable «luna blanca». En aquel entonces no sabía quién era, solo que se trataba de una de las hermanas Orozco.

Entre las niñas que se enamoraron a primera vista de Mateo estaban, por supuesto, ambas hermanas. Sin embargo, la verdadera luna blanca —la hermana mayor— no era ni de lejos tan astuta como la maliciosa hermana menor. Julia, siendo apenas una niña, ya había aprendido a suplantar identidades, y Mateo creció creyendo que Julia era su destino.

Después, mediante constantes calumnias y manipulaciones, la imagen de Sofía como una hermana malvada se arraigó profundamente en el corazón de Mateo, aunque él no podía evitar reprimir cierta atracción involuntaria hacia ella.

Por desgracia, Julia resultó ser una estúpida... bueno, una estúpida malvada. No supo aprovechar sus diez años de ventaja ni manejar las dudas y culpas de Mateo. En lugar de eso, usó cada artimaña posible para intentar destruir a Sofía de una vez por todas.

¿El resultado? No hacía falta ni preguntarlo.

¿Cuál era el final de las antagonistas malvadas en los guiones románticos que Paloma solía leer? Y más en esta historia, donde Sofía Orozco ostentaba el papel de protagonista protegida por el destino.

En las novelas de este estilo, a una mujer como ella solo le quedaban dos caminos: persistir en el error y morir de forma merecida, o persistir en el error y terminar en una vida peor que la muerte.

¡Ella no quería ninguno de los dos!

Paloma Pantaleón había sido la mánager de élite número uno en la industria del entretenimiento. Con un solo movimiento de sus manos podía elevar a un artista al paraíso o hundirlo en el infierno. Quizás porque sus métodos fueron demasiado implacables o su ambición excesiva, a los treinta y tres años desarrolló un cáncer que agotó su fortuna en tratamientos, llevándola a un final agónico.

¿Y ahora, tras morir, no la dejaban descansar y le daban esta vida?

¡Ni hablar! Su destino lo gobernaría ella misma, no el cielo.

Nadie le impondría un guion ni la obligaría a resignarse, sin importar si era Paloma o Julia.

Ella misma gestionó su alta del hospital y, antes de volver a casa, pidió un coche que la llevara a la Avenida Moderna, la zona más exclusiva de Ciudad Valle.

Eligió la ropa que mejor le sentaba y se aplicó un maquillaje que la dejó satisfecha.

Mientras observaba ese rostro extraño en el espejo, Julia comenzó a impregnarse gradualmente de la esencia de Paloma. Una sonrisa fría y familiar se dibujó en sus labios.

El cielo había dispuesto que ella fuera Julia Orozco, y ella lo aceptaba. Sin embargo...

¿Cómo se jugaría este juego? ¡Eso lo decidiría ella!

---

Valutazioni e recensioni

Più apprezzato
Nuovo

Potrebbe anche piacerti