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La millonésima parte del mundo

La millonésima parte del mundo

Última actualización: 2026-09-23 08:10:58
By: W1ther
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Informe

Sinopsis

Mateo Quintana obtiene la puntuación perfecta en las Nueve Pruebas, pero pierde la Selección de Ciudad Alta porque Bruno Delgadillo posee una supuesta fracción de linaje de Ciudad Alta. Mientras su madre, Elena Quintana, agoniza por el miasma tóxico, Mateo renuncia a esperar otra oportunidad y se convierte en caminante para conseguir una medicina especial. Antes de partir descubre que su Informe de Linaje no lo reconoce ni como habitante de la Ciudad Alta ni como habitante de Ciudad Baja, y que la espada mellada de su madre oculta un poder imposible de explicar.


En la Casa del Perro Salvaje, Mateo conoce a Damián Palacios, Clara Ledesma, Bruno Delgadillo, Diego Moya y otros compañeros que acabarán convirtiéndose en su verdadera familia. Entre las Afueras, las bestias aberrantes, los familiares espirituales y las traiciones de quienes controlan los sectores, Mateo aprenderá que sobrevivir exige algo más que talento: exige voluntad, lealtad y la decisión de enfrentarse a un mundo construido sobre la desigualdad. El camino que comienza en el sector F32 lo llevará desde una venganza personal hasta la guerra por el destino de Ciudad Baja y el secreto que une la Ciudad Alta, los antiguos linajes y la espada Sin Forma.


Capítulo1

Ciudad Baja.

Sector F32.

La enorme pantalla instalada sobre la Plaza Central no dejaba de parpadear por la falta de electricidad. Los números se habían detenido en 23:59.

La plaza estaba abarrotada. Todos alzaban la cabeza hacia la pantalla, esperando el siguiente cambio de hora.

Mateo Quintana permanecía entre la multitud, con el rostro sereno.

Pero los puños apretados hasta ponerse blancos delataban la tensión que llevaba dentro.

Cada 1 de enero, Ciudad Alta escogía a la persona más destacada de cada sector de Ciudad Baja para llevarla consigo.

Para cualquier habitante de Ciudad Baja, aquello era el honor más grande y, al mismo tiempo, la única oportunidad de cambiar su destino.

Según los rumores, en Ciudad Alta había un sol cálido, ríos de agua cristalina y aire limpio.

Hasta los perros de Ciudad Alta comían alimentos sanos y libres de suciedad.

Muchos no se lo creían.

¿De verdad los perros de Ciudad Alta podían vivir mejor que las personas de Ciudad Baja?

Por fin, la pantalla dio un salto.

En ella apareció un nombre.

[Bruno Delgadillo]

Mateo aflojó los puños. La luz de sus ojos se apagó un poco.

El silencio de la plaza se rompió de golpe y la multitud empezó a alborotarse.

—¡Joder! ¿Quién demonios es ese Bruno Delgadillo? ¿Por qué él?

A su lado, un muchacho regordete de su misma edad tiró de él con gesto indignado.

—Fabián, ¿por qué no tú?

¿Por qué no yo?

Ja.

Yo también quisiera saberlo.

Mateo no apartó la mirada de la pantalla.

En las pruebas de selección de un mes atrás, había obtenido la puntuación perfecta en las Nueve Pruebas.

Eso significaba que nadie podía superarlo.

Por un instante, hasta él mismo había creído que este año no habría otro elegido para Ciudad Alta. Que el puesto sería suyo.

Sin embargo, aquel nombre deslumbrante que seguía parpadeando en la pantalla parecía burlarse de su presunción.

—Fabián, ya me enteré.

Un muchacho con gafas pequeñas se abrió paso entre la gente y llegó junto a Mateo. Se secó el sudor de la frente y protestó, furioso:

—Dicen que ese Bruno Delgadillo tiene, más o menos, una trigésima segunda parte de linaje de Ciudad Alta.

Cuando el nombre de Bruno Delgadillo había aparecido en la pantalla, Mateo no había cambiado de expresión.

Pero al escuchar que lo habían descartado por aquel motivo...

Sonrió.

Había resignación en esa sonrisa, y también una calma extraña.

—Fabián, ¿estás bien?

El muchacho regordete creyó que el golpe le había afectado más de la cuenta.

—Estoy bien.

Mateo se encogió de hombros.

—Después de todo, no tenemos ningún vínculo de sangre con Ciudad Alta. No podíamos competir con él. No es ninguna injusticia.

—¿A esos ricachones de Ciudad Alta se les ha podrido el cerebro? ¡Dejan fuera a un estudiante brillante que sacó la máxima puntuación en todo y eligen a un mestizo con una trigésima segunda parte de sangre de Ciudad Alta!

El muchacho de las gafas también sentía que aquello era intolerable.

Los dos sabían cuánto se había esforzado Mateo desde niño.

Y aun así, todo su trabajo había perdido contra aquella supuesta trigésima segunda parte de linaje de Ciudad Alta.

Si les hubiera pasado a ellos, ya estarían maldiciendo a gritos.

—No pasa nada, Fabián. Si este año no ha podido ser, será el próximo. Solo tenemos dieciocho años; todavía nos queda tiempo de sobra.

El muchacho regordete intentó consolarlo.

—No.

Mateo sonrió.

—El año que viene no pienso presentarme.

Fabián y el muchacho de las gafas se quedaron inmóviles.

—Mi madre no puede esperar un año más.

Mateo bajó la mirada y murmuró, como si acabara de tomar una decisión:

—Voy a convertirme en caminante.

...

Cuando regresó a casa, la sonrisa ya había desaparecido de su rostro.

En cada callejón se hablaba del resultado de la Selección de Ciudad Alta.

Bruno Delgadillo era el tema del día en todo el sector F32.

Aquellas voces le resultaban insoportablemente estridentes.

Al llegar a casa, Mateo se acercó a la cama.

Su madre seguía inconsciente.

En Ciudad Baja, hasta respirar podía matarte.

El aire contenía una sustancia nociva conocida como miasma tóxico.

La exposición prolongada convertía el cuerpo humano en una bomba de tiempo inestable, capaz de venirse abajo cualquier día.

El cuerpo de su madre ya se había venido abajo.

Mateo se había presentado a la Selección de Ciudad Alta porque, si lo escogían, recibiría gratuitamente una medicina especial de Ciudad Alta.

Una medicina especial capaz de tratar el miasma tóxico.

—Mamá, perdóname.

Mateo tomó la mano seca de su madre.

—No me han elegido.

—A los habitantes de Ciudad Alta parece gustarles más la gente que comparte su sangre, aunque solo sea una trigésima segunda parte.

—La verdad es que me da mucha rabia. Fui el único de todo el sector F32 que sacó la máxima puntuación en las Nueve Pruebas y aun así me eliminaron.

—Voy a convertirme en caminante. Es la única manera que tengo de ganar dinero para comprarte la medicina especial.

—Sé que ser caminante significa salir a las Afueras. Allí... es muy peligroso.

—Para ser sincero, tengo miedo. Me preocupa no volver. Si de verdad muero allá afuera, ¿qué vas a hacer tú...?

—Pero mientras exista una posibilidad de curarte, tengo que intentarlo, aunque sea jugándome la vida.

—Mamá, todavía quiero... que me acaricies la cabeza y me digas que soy un chico responsable.

Con los ojos enrojecidos, Mateo siguió hablándole durante mucho tiempo, hasta que una franja de luz débil se filtró por la ventana.

Al final se frotó los ojos, se puso de pie y tomó el único regalo que su madre le había dado cuando era niño.

Era una Espada Mellada que parecía un atizador. Toda negra, con un aspecto barato de pies a cabeza.

—Mamá, me voy.

Sabía que ella no podía responderle, pero aun así se despidió en voz baja:

—Volveré.

Estaba a punto de salir cuando reparó en una esquina de papel que asomaba bajo el borde de la cama de su madre.

Intrigado, se acercó.

¿Acaso...?

¿Era una carta que su madre había escrito cuando todavía estaba consciente?

Sacó la hoja. El título lo dejó perplejo.

«Informe de Linaje»

Mateo frunció el ceño. No recordaba haberse sometido jamás a una prueba de linaje.

Sin embargo, allí estaba escrito su nombre.

Objetivo del análisis: Mateo Quintana.

Resultado: no pertenece al linaje de Ciudad Alta.

Al leerlo, Mateo esbozó una sonrisa amarga.

Por supuesto que sabía que no pertenecía al linaje de Ciudad Alta. Si fuera así...

¿cómo habría podido Ciudad Alta rechazarlo?

Pero cuando iba a guardar la hoja, descubrió que en el reverso había otra anotación manuscrita:

Tampoco pertenece al linaje de Ciudad Baja.

Después de aquella frase, alguien había trazado con tinta roja un enorme signo de interrogación.

Mateo se quedó mirando el signo, atónito.

No pertenecer al linaje de Ciudad Alta no lo sorprendía.

Pero tampoco pertenecer al linaje de Ciudad Baja...

Entonces, ¿qué...?

¿Qué era él?

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